- ¿Quizás no me corresponda interferir?
Exclusivo para Padres.
Algunos padres tienen una concepción errónea de la posición que deben adoptar. Sienten que porque no asistieron a la sinagoga en forma regular o porque no proporcionaron un hogar o una educación judía fuerte no tienen derecho mora! para oponerse al casamiento mixto.
Dentro de cada ser humano existe el deseo de ser una buena persona y el deseo de ser consecuente; si un padre evoca los momentos en los que le permitió a su hijo pasar por alto la escuela hebrea para ir a esquiar o aquellos en los que se opuso sólo ligeramente a las salidas de su hijo con no-judías, ello crea una culpa y ansiedad internas. El padre siente la necesidad de disminuir la culpa y la tendencia natural es encontrar excusas para las acciones pasadas y alinear las acciones presentes con este razonamiento.
Un padre me preguntó: "No somos tan religiosos así que, ¿cómo me puedo oponer? Si a este mismo padre se le hubiera preguntado antes de que surgiera la situación si se sentía orgulloso de ser judío, si quería que su hijo se casara con una judía, si quería ver sobrevivir al pueblo judío, habría contestado con un resonante: "¡Sí!" A las tres preguntas.
Una pequeña minoría de personas desvía intencionalmente a sus hijos del camino del judaísmo. Por lo general, hay un lento e imperceptible alejamiento.
Si la gente se siente culpable, entonces todavía hay esperanzas. Los padres que se equivocaron en la educación judía de sus hijos podrán manejar mejor esa situación
Pocos padres que han dado a sus hijos la mejor educación judía tienen que atravesar la terrible experiencia de ver a su hijo involucrado con una no-judía. Ellos también deben saber que un esfuerzo determinado planeado clara y cuidadosamente será sin lugar a dudas exitoso.
¡Y ahora, levántese, prepárese y sepa que usted ama al judaísmo y al pueblo! Quiere que crezca y ese es el verdadero bien con el cual hay que ser consecuente. Enfoque hacia él y compréndalo. Usted tiene una buena y sincera base para evitar el matrimonio.
Por otro lado, la objeción de los padres es el principal factor común a la mayoría de los compromisos cancelados. Es un argumento erróneo considerar que el no oponerse a un casamiento mixto para "mantener las puertas abiertas" sea la mejor actitud, ya sea antes o después de que la ceremonia se lleve a cabo. Esta capitulación en favor de la voluntad del chico anula completamente la eficacia de los padres. Es además un abandono completo de la obligación moral y personal de un padre hacia su pueblo y hacia su hijo.
Muchos padres creen erróneamente que con el paso del tiempo "las puertas abiertas" van a ayudar tanto a que el no-judío se convierta como a mantener una buena relación con el hijo si se divorcia. La primera presunción es falsa. En todas mis conversaciones con rabinos, padres, y matrimonios mixtos sólo oí de un caso en el cual uno de los cónyuges se convirtió después de casado. Hay cónyuges que adoptan una identidad cuasi-judía. Pero no son judíos sin una conversión auténtica a pesar de que su condición puede ser confundida en sus propias mentes y en las mentes de unos pocos judíos.
La segunda presunción contiene un elemento de verdad en cuanto a que si un padre no hace nada quizás el hijo no se siente alejado. Sin embargo uno puede, a la larga, preservar e incluso fortalecer la relación personal mientras sigue trabajando para romper el compromiso.
La trágica ironía se da en la situación en que padres que al principio estuvieron en contra del casamiento terminan perdonándolo e incluso intentan preservarlo mucho después de que la pareja quiere divorciarse. Al aceptar tácitamente el matrimonio, los padres a su vez llegan a acostumbrarse a él y luego razonan su existencia: "Mientras sean felices". Es verdaderamente triste cuando los padres terminan pronunciando este razonamiento. Están heridos y se preocupan mucho pero han ahogado la conciencia y los sentimientos con un amor equivocado.
Seguramente no hubieran dicho lo mismo si el hijo era "feliz" siendo un adicto a las drogas o un ladrón. En tales circunstancias se darían cuenta de su responsabilidad de hacer lo imposible para producir un cambio.
Amar verdaderamente a un hijo
no significa aceptar todas sus conductas sino hacer lo que sea para alejarlo del mal y asegurarle su verdadera felicidad. Un padre que circunstancias se darían cuenta de su responsabilidad de hacer lo ama a su hijo y percibe el profundo daño personal que puede causar un casamiento mixto no se cruzará de brazos, bajo ningún pretexto, ni permitirá que su hijo se arruine la vida.
Por el Rab. Kalman Packouz