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Mi primer Sobrino.(No judio)

Esperar el nacimiento del primer sobrino debería ser un momento de gran alegría. Pero para esta tía, la espera esta sacando afuera una pérdida que resonará durante toda mi vida.
De aquí a unas semanas voy a ser tía. De acuerdo al ultrasonido, el primer niño de la próxima generación de mi familia, será un varón. Me dijeron que lo llamarán como a uno de mis abuelos.
Debería ser un momento alegre. Pero mi hermano se casó con alguien que no pertenece a la colectividad judía y ya anunciaron que este niño será bautizado y criado en la fe cristiana. Y me siento emocionalmente destruída más alla de la ambivalencia.
Tengo solo un hermano. Mientras yo elegí un modo de vida tradicionalista, él, hace mucho tiempo que abandonó nuestra cultura judía. Muchos años atrás se casó con una adorable mujer que practica la religión católica y ya antes de casarse me informó que criaría a sus hijos en una rama del protestantismo que no requiere la conversión del esposo. Aunque mi hermano no demuestra ningún interés en el judaísmo, aparentemente nunca se convertiría a otra fe.
Antes de su compromiso, mi hermano y yo discutimos acerca de su desinterés por la cultura en la cual creció. Lo ridiculizó como algo tribal y arcaico. La profundidad de su desinterés me shokeó y me dolió.
De alguna manera me las arreglé para poner mis sentimientos a un costado y fui una hermana cariñosa, ---incluso fui la madrina- hasta el momento final de la ceremonia, cuando por alguna razón, incluyeron la tradición Judía de romper una copa.
Generalmente cuando llega ese momento todos gritan ¡Mazal Tov!. Pero en este casamiento, la mayor parte de los invitados no sabían que acababa de suceder y los que sabíamos nos quedamos atónitos sin comprender, porqué lo hicieron.
Me recuerdo pensando melodramáticamente en ese momento “ese fue el sonido del corazón de mi madre rompiéndose” Entonces algo en mi propio corazón se alteró. La rotura de esa copa tiene un significado, me dije a mi misma.
Ese sonido debe recordar al novio y a la novia en el momento de su mayor felicidad la destrucción del Templo. El comienzo de 2000 años de exilio durante los cuales nos aferramos a nuestra fé a pesar de todas las persecuciones.
En ese momento, mi conexión al judaísmo y al pueblo judío desafió mis ideales progresistas. El deseo de que mi familia tuviera un futuro judío era algo mas fuerte y comenzó a ser más importante que el pensamiento universalista.
No es que tenga algún problema con las tradiciones no judías.
Simplemente amo el judaísmo. Es mi identidad y mi camino en el mundo; es lo que me enseña cómo ser y hacia donde ir. Es algo que tiene verdadero sentido en mi vida y transmitirlo a los niños que espero, tendré algún día, es mi mas preciada aspiración.
Veo el matrimonio como la unión de dos personas para construir un nuevo hogar donde niños judíos serán nutridos, educados y amados. Y ellos en cambio, transmitirán su herencia a otra generación después de ellos.
Ahora, cinco años después de aquel momento, me siento extrañamente desconectada de los preparativos en la casa de mi hermano para el nacimiento de su hijo.
No siento ningún resentimiento hacia mi cuñada y mucho menos hacia el niño que vendrá.
En todo caso estoy felíz de que mi hermano haya elegido una mujer que vive según un sistema ético, aunque no sea el mío. Estoy agradecida porque al menos su hijo no será de aquellos criados entre doctrinas opuestas sobre los que se declara que deberán “elegir” en el futuro a cual quieren pertenecer. Será criado en una ambiente moralmente claro sin la confusión de sus padres tratando de pertenecer a todos los credos.
Por ello, estoy agradecida.
Pero tengo un tremendo sentimiento de pérdida. En vez de planear un Brit. Habrá un bautismo. Hubo una época en la que los niños judíos eran literalmente raptados para ser bautizados. Ahora ya no es mas necesario, nosotros los mandamos directamente. No habrá Pidión Haben, la redención del primogénito.
Estas cuerdas que unieron a las familias con las generaciones anteriores simplemente no estarán. Si mi sobrino viniera a mi Seder de Pesaj, no podría formular las cuatro preguntas.
¿Por qué esta noche es diferente? Porque mi sobrino no será judío.
Las familias se reúnen para celebrar juntas festividades y ocasiones especialmente alegres.
Mi sobrino y yo no compartiremos las mismas festividades y no podré asistir a su bar mitzvá.
Mi madre comparte con migo esta dolorosa ambivalencia. Ella sabe que habrá siempre una barrera entre ella y su primer nieto, un recordatorio del rechazo de mi hermano por nuestra herencia. Mi padre por otra parte, ya anunció su intención de “trabajar” sobre él. Me dijo que comprará una cadenita con un jai para su nuevo nieto. Se está preparando para alguna clase de acción- comando. Trato de imaginar como será: “se judío, le gritará, y recibirás regalos en el 8° día”. En cualquier nivel que se piense, esto es un error.
Si la situación fuera al revés, si me hubiera casado con un no judío y tuviera un hijo al que criaría sin dudas en mi fe, me horrorizaría si mi suegro declarase que “trabajaría” sobre mi hijo.
Hasta donde se, mi hermano y su esposa no saben nada acerca de esta ambivalencia que siento. El dolor que siento es muy profundo y crudo para compartirlo. Y no haría mas que amargar una relación marcada por la distancia y la diferencia.
Respeto a mi hermano por su honestidad y coherencia. Él no finge un interés por nuestra tradición y tampoco intenta moldearla según su conveniencia. Así que cuando llegue el llamado, cualquiera de estos días, anunciando que mi cuñada dio a luz, simplemente intentaré reflejarla alegría que ellos expresarán y guardaré el dolor dentro mío.
El judaísmo enseña que cada judío es responsable por el otro. Ahora comparto, profunda y personalmente, el dolor que sienten muchos otros judíos cuyos parientes optan por salir de nuestra “gran familia”.
La próxima vez que tenga la oportunidad de responder ¡Mazal Tov! a una pareja judía que decidió reunirse para forjar un hogar judío, lo diré un poco sentidamente, conciente de su real significado. Pero tal como el momento en el que la copa es rota al final de la ceremonia de casamiento, estará teñido con un sabor agridulce.

Por Laura Freedman