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Mamá, Yo me caso con quien quiero !!!


Rabina, Por que mis padres no me dejan casara con este Chico.

La Rebbetzin (Rabina) Esther Jungreis, es una de las mayores conferencistas a nivel mundial, sobre la tematica de amor y pareja,
entre otros temas, y tiene un ciclo de conferencias de brinda en Nueva York para más de 800 jovenes profesionales de la colectividad todos los domingos.

El presente artículo es la carta real enviada por una chica juidía cuyos padres le prohiben salir "con el amor de su vida", un chico que no es de la colectividad que conocio en la facultad.

 

Estimada Rebbetzin Jungreis:
Estoy en segundo año de la facultad y acabo de conocer a un chico fantástico: inteligente y sensible. Lo amo. No es judío, lo cual parece ser una “tragedia” para mis padres.
La verdad es que no lo entiendo. Mis padres no son religiosos. Todo su judaísmo se basa en comprar entradas para ir al templo una vez al año con motivo de las Altas Fiestas. No observan el kashrut ni ninguna de las tradiciones o costumbres, ni tampoco me brindaron una educación judía.
Entonces, ¿quienes se creen que son para reprobar mi idea de casarme con él? Créame, Rebbetzin, mis padres no son más judíos que mi novio. Él tiene buenos sentimientos, es atento y tiene todas las características de aquello que mis padres consideran como un “agradable chico judío”. El verdadero motivo por el cual mis padres se oponen a nuestra relación no es otro que el “¿qué dirán?”.
Realmente no les importa mi felicidad, sino la opinión de los demás y su repercusión en ellos.

No veo ninguna diferencia entre ser judía y no serlo. A fin de cuentas,
fuimos todos creados por D´s, con lo cual, somos todos hermanos. Si mis padres nunca me dieron una educación judía, entonces ¿qué debería importarme?

Por favor, Rebbetzin, responda esta carta inmediatamente. Llegué al punto en el cual estoy lista para fugarme con mi novio. La hipocresía a mi alrededor no me merece ningún tipo de respeto.

Atentamente, Una judía.

Querida amiga:
Menos por menos no siempre es más Si bien es cierto que tus padres cometieron un gravísimo error al negarte una educación judía, su culpa no te libera de responsabilidad ni te permite lavarte las manos frente a tu pueblo. No hay manera de justificar tu abandono de la religión, de tu pueblo y de tu D´s. Trata de entender que si elegís el matrimonio mixto, te estás tirando de cabeza a una pileta vacía, tus actos darán cierre al judaísmo de tu familia, el cual perduró por muchos años.

Sin embargo, puedo entender tu resentimiento, ya que, como mencionas en tu carta, nunca te brindaron una educación judía. El judaísmo nunca te significó nada…nunca te viste desafiada por su gran llamado. Por lo tanto, tu reacción es entendible. Por ende, no sería realista exigirte que dejes al chico que amas por una religión de la cual siempre estuviste al margen.

Por más trágico y doloroso que parezca, debemos enfrentar la vedad: perteneces a una generación de judíos estadounidenses que fueron engañados. Aunque te dieron todas las ventajas educativas y materiales, te despojaron del judaísmo. Te criaron en un Triángulo de las Bermudas espiritual. Tus contactos con lo que sería un judaísmo organizado, en el mejor de los casos, te hicieron desviar del camino y, en el peor de los casos, te inspiraron desprecio.

Las visitas a colegios secundarios o a residencias universitarias me recuerdan la trágica situación de nuestros jóvenes judíos. Una y otra vez me enfrento a la patética imagen de jóvenes judíos hablando de cualquier tema menos de aquel que les compete... jóvenes judíos que tienen experiencia en el campo de la ciencia y tecnología, que se paran frente a toda una clase, que tienen sensibilidad artística y se refugian en el mundo del arte y la cultura. Sin embargo, frente a las preguntas más básicas sobre Torá, Mishná, Talmud y Profetas, ponen cara de póquer. Nos hemos convertido en un pueblo que sufre una terrible amnesia, un pueblo sin pasado, sin recuerdos.

La comunidad judía está decayendo puertas adentro, tanto que, así como vos, el judío promedio ni siquiera siente su propia carencia. Para que entiendas la magnitud de tu pérdida, primero debes ser consciente de aquello que alguna vez tuviste. Sin embargo, desafortunadamente, tanto vos como tus pares carecen de esta conciencia... por ende, no podes desentrañar el origen de tu carencia. Por lo tanto, en mi opinión, el problema actual no es ya convencerte de que dejes a este chico, sino abrir tu mente y corazón a tus propios antepasados gloriosos y a tu destino profético.

Una vez que comprendas esto, renunciar al matrimonio mixto luego será una consecuencia natural de tu nuevo discernimiento, ya que es imposible conocer la Torá y, al mismo tiempo, abstenerse de responder a su místico llamado.

Entonces, mi querida, si bien puedo solidarizarme con tu mentalidad rebelde, no la puedo compartir, ya que sos judía y tenes una responsabilidad que cumplir. Antes de que renuncies a tu herencia, antes de que abandones la fe de tus padres, te debes a vos misma descubrir tus raíces; indagar sobre tu pasado, para que la decisión que finalmente vayas a tomar esté basada en percepción e inteligencia, más que en la ignorancia y en el descuido. Por supuesto que no pediste nacer judía; no fue tu elección. Es D´s que te elige. El hecho de que vos seas judía fue algo que El decidió que tenía que ser. Este es un componente místico de tu condición judía que trasciende todos los registros y leyes.

Está en tu sangre, en tu carne y te acompañará por el resto de tu vida.
Tus raíces van más allá de lo que te puedas imaginar e intentar cortarlas pondría en peligro tu existencia. No hay lugar al cual puedas escapar. No hay ninguna isla en la cual te puedas refugiar porque, primero y principal, sos judía y D´s te pueden encontrar en donde quiera que estés.

Ahora, mi querida, te suplico trates de superar los antagonismos y prejuicios de tu pasado y aceptes mis palabras con una mentalidad abierta. En la vida se cometen errores que se pueden subsanar la mayoría de las veces, pero también están aquellos errores que, al cometerse, dejan secuelas perpetuas. Las heridas son tan profundas que no se pueden cerrar. Creo que tu dilema entra en esta segunda categoría. Tu problema no versa sobre el matrimonio solamente, sino que se trata de tu propia existencia, del destino que D´s te concedió, de la supervivencia de tu pueblo y, por último, de tu habilidad de pararte frente a D´s. Por eso, no actúes con apuro, date todas las oportunidades de descubrir tu herencia judía. Tomate un tiempo para estudiar Torá y contactarte con aquellos que alguna vez estuvieron en tu mismo lugar y aprende de sus experiencias.
Luego, si podes, proba ponerte en el lugar de tus padres para ver el problema desde su punto de vista. ¿Por qué se les rompió el corazón? ¿Por qué están tan en contra de este chico?
¿Realmente te parece que su única preocupación es el “¿qué dirán?”.

Vos sabes, en lo más profundo de tu corazón que hay más, mucho más en riesgo. Para los padres judíos, no hay peor catástrofe que el matrimonio mixto de algún hijo.

Lamentablemente, debido a su base judaica limitada, en general, no pueden esbozar las razones por las cuales ven al matrimonio mixto como una calamidad. Sin embargo, saben, por instinto, que para que sus hijos sobrevivan como judíos, deben casarse con judíos y, si es necesario, están preparados para luchar hasta las últimas consecuencias con tal de lograr que así suceda. Si conoces la historia de “El violinista sobre el tejado”, podrás recordar que el padre, Tevie, aceptó felizmente el matrimonio de sus hijas (a pesar de que una se casó con un sastre de escasos recursos económicos y la otra con un revolucionario, lo cual fue una desilusión). Así y todo, cuando la tercera se casó con un joven “inteligente”, “emprendedor” y “apuesto”, Tevie puso el grito en el cielo: a pesar de todos los logros de este joven, Tevie no lo pudo aceptar como yerno por la simple razón de que no era judío.

No es una cuestión de soberbia o prejuicios. No es un tema de méritos personales. Te puedo asegurar que tu chico tiene muy buenas cualidades. Simplemente se trata de una cuestión de SUPERVIVENCIA: el deseo de preservar miles de años de historia y continuar con nuestra tradición milenaria. Los padres judíos están bien al tanto de las trágicas consecuencias que trae aparejado el matrimonio mixto. Entienden que eso significa la muerte de sus hijos; quieren tener nietos judíos. Los padres judíos entienden que tienen una misión que trasciende la sola existencia y, por esta razón, se rasgan las vestiduras cuando el matrimonio mixto amenaza con extinguir su descendencia.

Por lo tanto, seguramente comprenderás que no es “el medio al ´¿qué dirán?´” lo que atormenta a tus padres, sino el terror de que vos seas la última judía de tu
familia, que, tras cuatro mil años de existencia, el judaísmo muera con vos. Por eso, si este fuera el caso, entonces, tus padres y ancestros habrán vivido y se habrán sacrificado en vano. No, no es por capricho que tus padres siguen firmes. Ellos entienden que el judaísmo no puede tolerar o aprobar el matrimonio mixto.

Desde los primeros capítulos de nuestra historia, se prohibió el matrimonio mixto. Abraham, el primer judío, le hizo jurar a su sirviente Eliezer que no le presentaría una chica pagana a su hijo Isaac. Tal como está escrito: “Jurad por el Señor, D´s de los cielos y de la tierra, que no tomarás esposa para mi hijo de entre las hijas de los cananeos, entre quienes habito” (Génesis, XXIV, 3).

Más tarde, Rebeca instó a su hijo Jacob a que abandonara su casa para encontrar una esposa apropiada: “Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como estas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida?” (Génesis XXVII, 46).

La Biblia está colmada de este tipo de referencias, pero, además, todo esto está claramente escrito en el capítulo octavo del libro de Deuteronomio: “Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo. Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y la furia del Señor se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto”.

La ley de D´s debería ser una razón suficiente para que dejes a este chico, ya que, si crees en Él, ¿cómo podrías resignarte a transgredir Sus mandamientos? Hay dos posibilidades: o D´s existe, y Su Ley te gobierna, o D´s es producto de la imaginación y la historia del pueblo judío es un engaño horripilante. Si la respuesta es la segunda opción, entonces, deja de leer esta carta ya.

Sin embargo, vos sabes la verdad en lo más profundo de tu corazón. Sabes que D´s existe y que el pueblo judío está vivo aquí y ahora tal como hace miles de años atrás.
No hay forma de que puedas escapar a esta verdad. Podrás escaparte de tus padres, pero nunca podrás escaparte de D´s. Su presencia está en todos lados y rebelarte contra El es lo mismo que entregarte a una vida de dolorosa soledad espiritual.

Te puedo dar varios argumentos sólidos en contra del matrimonio mixto; sin embargo, mi experiencia personal me demostró que en tales situaciones, las pruebas más contundentes entran por un oído y salen por el otro. Desafortunadamente, aquellos que piensan que están “enamorados” rara vez escuchan la voz de su conciencia. Cuando las emociones están de por medio, la calma y la razón son casi imposibles. Por lo tanto, sería en vano informarte acerca de las estadísticas que han demostrado que la separación, ruptura familiar y el divorcio son entre tres y cinco veces más frecuentes en matrimonios mixtos.

Sería en vano informarte que las tensiones que provocan los matrimonios mixtos de tu entorno están destinados a afectar la estabilidad mental y emocional de tus futuros hijos.

Sería en vano informarte que, cuando los padres no se ponen de acuerdo en el aspecto religioso, sus hijos sufren de neurosis y conflictos internos. No hay manera de evitarlo porque, aún si vos les permitís a tus hijos elegir su religión (como muchas parejas mixtas lo hacen), la necesidad de elegir opone a uno de los padres contra el otro y crea una situación explosiva a través de la cual los hijos se transforman en discapacitados emocionales.

Sería en vano informarte que las probabilidades de que tus hijos sigan en el camino del judaísmo son mínimas. Las estadísticas demuestran que la mayoría de los chicos judíos que nacen de parejas mixtas abandonan la fe judía.

Además, mirate a vos misma. Si a vos misma te cuesta sobrevivir con tus dos padres judíos, ¿qué posibilidades de sobrevivir tendrán tus hijos con un padre gentil?

*Sería en vano informarte que el matrimonio no es un carpe diem, sino que la idea es que dure eternamente.

Sería en vano informarte que un acuerdo equitativo a los veinte años puede tornarse intolerable a los cuarenta. Acordate: el tiempo no sólo resuelve los problemas, sino que también los crea.

Sería en vano informarte que se necesita mucho más que “romanticismo” para mantener un matrimonio. Está comprobado que dos personas con la misma base, intereses y, por sobre todas las cosas, valores religiosos, tienen muchas más posibilidades de tener una felicidad duradera, que aquellos que difieren en estas áreas. Sin embargo, para que entiendas mi punto mejor, me gustaría que tengas en cuenta la siguiente parábola: encontrar a la pareja apropiada se asemeja mucho a encontrar el par de zapatos adecuado. Imaginate que un día decidís pegarte un tarjetazo en el shopping y ves un par de zapatos divinos... te enamoras. ¡Son exactamente el tipo de zapatos que siempre quisiste! Entras al negocio y los pedís para probártelos... no los sentís muy cómodos que digamos, de hecho, te aprietan. Entonces suspiras con pesar... ¡qué lástima! Simplemente los amabas... ojalá me quedaran bien.

Al ver tu frustración, el vendedor te ofrece otro par que puede ser mucho más cómodo. Los sentís bien, pero el primero te atraía más, entonces pedís volvértelos a probar. El vendedor te los trae de nuevo, te los probas y, aunque te aprietan un poquito, tenes que reconocer que son “lo más” y que los amas definitivamente.

Por fin, le preguntas al vendedor “¿Te parece que cederán con el tiempo?
“Y si”, te contesta amablemente. “Todavía puedo hacer algo”. Entonces, se lleva los zapatos al fondo del local y los estira. Te los probas una vez más y, a pesar de que todavía se sienten algo incómodos, en tu afán por tenerlos, te imaginas que se sienten mejor. “Seguro que con el tiempo cederán aún más”, te decís a vos misma apaciguadamente.

Te compras los zapatos y te los llevas a tu casa felizmente, pero después viene el bajón: nunca los sentiste bien. Entonces, tenes tres opciones: 1) Los usas con el agravante de que te salgan cayos 2) Les concedes un lugar en el placard 3) Los vendes en una feria americana. Sin embargo, sea cual fuere la forma en la cual intentes adaptarlos a tu pie, nunca te sentirás cómoda con esos zapatos porque, después de todo, no fueron hechos para vos.

El matrimonio es igual. Si no provienen de hogares similares y no comparten una misma tradición, por mucho que lo intentes, tu pareja nunca se “adaptará” a vos. Podrás amarlo tal como amas a tus zapatos, pero no son de tu talle. Del mismo modo, él no fue hecho para vos. Ambos provienen de mundos distintos, de orígenes diferentes. Entonces, si se casan pueden suceder tres cosas: te pueden salir cayos (o sea, vivir en medio de la rivalidad), podes dejar los zapatos en el placard (es decir, conformarte con un matrimonio basado en la fría indiferencia) o podes vender los zapatos en una feria americana (en otras palabras, divorciarte). Sea cual fuera el caso, cualquiera de estas opciones es indeseable.

El punto es que se necesita mucho más que romanticismo para llevar adelante un matrimonio exitoso. El amor no es una poción mágica capaz de disolver problemas complejos. El amor sólo puede funcionar para realzar un matrimonio en el cual ya hay aprecio y reverencia mutuos, un matrimonio que se rige por orígenes y objetivos en común.

Sin embargo, tal como mencioné anteriormente, a pesar de la lógica de mis argumentos, me temo que mis palabras no te impresionarán, ya que es casi imposible intentar entrar en razones con una persona que está emocionalmente involucrada.

Se que lo que estoy pidiendo no es sencillo. Nunca fue fácil ser judío.
Se que demanda sacrificio.
Así y todo, tenemos que sobrevivir, por lo tanto, debemos estar preparados para ello. En cada generación, el sacrificio toma una forma diferente. Hay veces en las que se nos llama para entregar nuestras vidas por nuestra tierra y nuestro pueblo. Otras veces, no es nuestra existencia física la que peligra, sino nuestra supervivencia espiritual, es decir, nuestro alma judía. En esos momentos, debemos ponernos a la altura del desafío y ofrecer nuestros oídos y mentes con buena voluntad, aún si eso significa dejar a la persona que amamos con tal de que nuestro pueblo sobreviva. De esa manera, podremos forjar un vínculo más en la continuidad de nuestra nación.

A pesar de que esto es doloroso, con lo cual estoy de acuerdo, exijo que te pongas a la altura de la circunstancia porque sos judía, hija de un Rey: D´s. Exijo esto porque sos descendiente de Sara,Rivka, Rajel y Lea, porque venís de un “Reino de Sacerdotes”, una nación sagrada dedicada al servicio a D´s. Exijo que no le des la espalda a cuatro mil años de historia, cuatro mil años de martirio y cuatro mil años de gloria.

Quizás te sientas ofendida por mis fuertes palabras. Quizás pienses
“¿con qué derecho viene esta mujer a exigirme cosas? ¡No me puede imponer un estilo de vida!”

Si bien es cierto que no te puedo decir lo que tenes que hacer, tengo derecho a exigirte por la sola razón de que las dos somos judías. Soy sobreviviente de Bergen Belsen.
Vi a seis millones de mis hermanos sucumbir y desaparecer en el humo. Francamente, ya no puedo evitar ver la muerte... ya fue suficiente.

Quizás rechaces mi "fanatismo" y sientas que estoy llevando el asunto demasiado lejos, que no hay comparación entre las cámaras de gas y el matrimonio mixto que vos pretendes contraer. Sin embargo, pensa por un instante...¿hay comparación?

Aquellos que murieron en las cámaras de gas desaparecieron en el humo.
Sin embargo, ellos, al menos, dejaron un legado atrás, un kadish. Por cuanto que, aquellos que transitan por el camino del matrimonio mixto también mueren. Hay una diferencia: éstos no dejan ni una sola huella. Sus almas se extinguen para siempre en este mundo, así como en el mundo venidero.
No dejan recuerdos, ni siquiera un kadish. Simplemente desaparecen.

Cuando D´s convocó a tu padre Abraham para que sacrificara a su hijo por Su causa, él respondió “HINENI, ACA ESTOY, ESTOY LISTO”.

Hoy la llamada es para vos, es tu turno decir “HINENI”. No podes hacer más nada. D´s te está convocando para que cumplas con tu misión. ¡Qué destino tan glorioso, pero qué catastrófico es no saberlo!

Que puedas encontrar la fuerza necesaria para transitar por esta instancia de prueba, de modo que puedas encontrar tu lugar adecuado entre tu pueblo para siempre.

Con el amor del pueblo Israel, de la Torá y la bendición de D´s a nuestros padres, quedo a tu entera disposición.

Tu hermana, Rebbetzin Esther Jungreis