CASAMIENTOS QUE SEPARAN
Por Natalio Steiner
co-director diario Comunidades
La época que vivimos presenta un constante aumento de los matrimonios exogámicos, más conocidos como casamientos mixtos. Esta situación obedece a varios motivos y entre ellos no faltan las causa demográficas (pocos judíos en el medio circundante, por ejemplo en el Interior del país) y causas religiosas y educativas, entre otras, que no es intención analizar en estas líneas.Una de la causas que hace estragos entre nuestros jóvenes esta basada en una especie de mito que se ha instaurado dada la total ignorancia de muchos judíos respecto a estas y otras cuestiones conexas como por ejemplo la conversión al judaímo.
De esta manera temas tan decisivos para la permanencia o no de un vástago en el seno del judaísmo son respondidos con ligereza y sin la debida preparación. Así es como uno de los tantos mitos que se han formado sobre la tradición judía, y que le han causado un daño muy grave a esta y a los judíos, es el mito que reza que "los judíos no se casan con no judíos por una cuestión de superioridad".
De ser cierta esta aseveración estaríamos en presencia de una actitud racista que habría que erradicar. Esta errónea percepción en tan delicada cuestión ha generado odio e incomprensión por parte de los no judíos y autoodio por parte de ciertos judíos que han distorsionado los verdaderos motivos de la prohibición para legitimar así su tendencia asimilatoria. La prohibición de dichos casamientos no obedece a ningún prejuicio de índole racial y/o segregacionista.
El judaísmo cree que el casamiento entre judíos es el primer requisito para formar familias que sigan perteneciendo al judaísmp y que la realización de bodas entre judíos y personas de cualquier otra religión socava la continuidad judía. El judaísmo ama y respeta a todo ser humano por igual sin distinciones de credo, raza o color de piel. El Talmud lo expresa en el Tratado de Sanhedrín 38 A cuando dice que "por ello fue creado al principio un sólo hombre (Adam) para enseñar que cuando alguién destruye un alma se lo considera como si hubiese destruído un mundo y cuando alguién la preserva, se lo considera como si hubiese preservado todo un mundo".
En la misma página se recalca que el hecho que Di-s haya creado un sólo hombre es para fortalecer la idea de que todos provenimos de un mismo padre.Ya vemos- muy apretadamente-como en la época talmúdica ya estaba claro para nuestros sabios que todos los seres humanos son absolutamente iguales.Por ello es que no se logra la igualdad borroneando la tradición, la cultura y la nacionalidad. El celo judío en este tema tan delicado tiene que ver con la continuidad de nuestra cultura, de nuestra forma de vida, de nuestra particular lista de valores por la que nuestros antepasados sacrificaron su existencia sin dudar y por la que nosotros queremos vivir. Esos valores sólo pueden mantener su vigencia en un hogar judío conformado que respete y ame los principios vitales de nuestra tradición. Es una obligación moral inalterable e imprescriptible de todo judío cuidar la preservación de nuestro pueblo por lo cual no es posible renunciar a la identidad.
La defensa del matrimonio entre judíos no es una actitud racista sino una aspiración concreta de salvaguardar a nuestro pueblo sabiendo además que en general esa es la forma de lograr matrimonios con mayor afinidad y comprensión unidos en la concreción de objetivos comunes(aunque no siempre se de en la práctica). Se aspira con su concreción salvaguadar a nuestra generaciones del genocidio espiritual; de preservarlos de futuros conflictos que genera una identidad ambigua, de dolores espirituales dificiles de soportar y cuyo precio sólo es valorado por los hijos, que en definitiva son los que lo pagan. El matrimonio entre judíos es un sacrificio para aferrarse a una vida de felicidad y estabilidad judía que permita sobrellevar los sinsabores en unión con quien comparte el objetivo íntimo de la vida y el sentido de la existencia.
Algunos datos estadísticos nos demuestran que si los judíos no hubiesemos sido genocidados a lo largo de la historia y si no nos hubiesemos asimilado, hoy seríamos muchos millones, más que los estancados 13.000.000 que hoy somos( y en descenso). Entender que nuestro pueblo no puede sobrevivir sin un marco familiar es el primer paso para formar una familia judía y resistir la tentación de abandonar el marco espiritual y nacional. Eso es continuidad y no racismo. Una conversación en hebreo o en idish nos distrae; las palabras Israel, judío o similares nos erizan la piel; escuchar el Shofar nos estremece y los acordes del Hatikva nos provocan un nudo de emoción.Si nuestra pareja no comparte esos sentimientos no podrá jamás compartir nuestro destino.
El casamiento mixto es una consecuencia de una situación de alejamiento del judaísmo y es justo en el alejamiento donde radica el problema; no en el falso mito racista. Aunque a muchos les moleste ...