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La siguiente parábola fue contada por la Rebbetzin Esther Jungreis en una carta-consulta sobre la tematica de los matrimonio mixtos Encontrar a la pareja apropiada se asemeja mucho a encontrar el par de zapatos adecuado.

Imaginate que un día decidís pegarte un tarjetazo en el shopping y ves un par de zapatos divinos... te enamoras. ¡Son exactamente el tipo de zapatos que siempre quisiste! Entras al negocio y los pedís para probártelos... no los sentís muy cómodos que digamos, de hecho, te aprietan. Entonces suspiras con pesar... ¡qué lástima!
Simplemente los amabas... ojalá me quedaran bien.

Al ver tu frustración, el vendedor te ofrece otro par que puede ser mucho más cómodo. Los sentís bien, pero el primero te atraía más, entonces pedís volvértelos a probar. El vendedor te los trae de nuevo, te los probas y, aunque te aprietan un poquito, tenes que reconocer que son “lo más” y que los amas definitivamente.

Por fin, le preguntas al vendedor “¿Te parece que cederán con el tiempo? “Y si”, te contesta amablemente. “Todavía puedo hacer algo”. Entonces, se lleva los zapatos al fondo del local y los estira. Te los probas una vez más y, a pesar de que todavía se sienten algo incómodos, en tu afán por tenerlos, te imaginas que se sienten mejor. “Seguro que con el tiempo cederán aún más”, te decís a vos misma apaciguadamente.

Te compras los zapatos y te los llevas a tu casa felizmente, pero después viene el bajón: nunca los sentiste bien. Entonces, tenes tres opciones: 1) Los usas con el agravante de que te salgan cayos 2) Les concedes un lugar en el placard 3) Los vendes en una feria americana.
Sin embargo, sea cual fuere la forma en la cual intentes adaptarlos a tu pie, nunca te sentirás cómoda con sos zapatos porque, después de todo, no fueron hechos para vos.

El matrimonio es igual. Si no provienen de hogares similares y no comparten una misma tradición, por mucho que lo intentes, tu pareja nunca se “adaptará” a vos. Podrás amarlo tal como amas a tus zapatos, pero no son de tu talle. Del mismo modo, él no fue hecho para vos. Ambos provienen de mundos distintos, de orígenes diferentes. Entonces, si se casan pueden suceder tres cosas: te pueden salir cayos (o sea, vivir en medio de la rivalidad), podes dejar los zapatos en el placard (es decir, conformarte con un matrimonio basado en la fría indiferencia) o podes vender los zapatos en una feria americana (en otras palabras, divorciarte). Sea cual fuera el caso, cualquiera de estas opciones es indeseable.

 
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